(elterritorio.com.ar) La Unidad de Operaciones Especiales en Montaña “Primer Alférez Mario Serrano”, perteneciente a Gendarmería Nacional, fue noticia esta semana luego de conocerse un operativo de asistencia a una mujer de 96 años y su hijo discapacitado en Bariloche. Ambos viven a unos 60 kilómetros de la localidad, en la denominada estepa o baja montaña, que en la actualidad está cubierta de blanco debido a las intensas nevadas que cayeron sobre toda la Patagonia en los últimos días.
Fue una travesía de tres días, contando la ida y la vuelta, en la que prácticamente tuvieron que abrirse camino a pala para llevar medicamentos, alimentos y forraje para los animales que ya no tienen pasturas. Se trató de un grupo de entre 10 y 12 gendarmes que ocuparon un camión, dos camionetas 4x4 y una motonieve y dejaron el cuerpo en ese desierto blanco de unos 70 centímetros de profundidad.

Desde la tierra colorada
La comisión fue guiada por el jefe de la unidad, comandante segundo Norberto Holland (38), misionero oriundo de Santa Rita, y tuvo entre sus filas al cabo primero Gabriel Zirr (33), que también nació al borde del río Uruguay, en El Soberbio. Ambos están hace varios años en el Sur del país, donde se especializaron en actividad de montaña, un terreno totalmente opuesto a la tierra colorada y sus verdes paisajes.
Holland ingresó a la fuerza hace 20 años, en la Escuela de Oficiales. Su primer destino fue Bariloche, pero también estuvo en el fin del mundo, Ushuaia, donde se capacitó para el trabajo en las grandes alturas. Hace cuatro años volvió como instructor y a principios del 2020 asumió como jefe de la Unidad.
Sus padres ahora están radicados en Oberá, pero también estuvo en Colonia Aurora y San Martín.

Zirr, en tanto, nació y se crió en El Soberbio. Se formó en Bariloche y nunca más salió de allí. Estuvo seis meses en El Bolsón y después volvió como instructor. Ambos están preparados para escalar en rocas en hielo, en técnicas de esquí, para hacer rescates y trabajos de altura y todo lo que implica, desde la alimentación hasta la asistencia, en los techos del país.
Pero, también los une un hito reservado para muy pocos: los dos subieron el Aconcagua, la cima más elevada de América.
El Territorio habló con ellos y contaron cómo se concretó la demandante misión, pero también lo reconfortante que fue poder ayudar. “Es doble la satisfacción, comprobamos lo que nos preparó la fuerza y el deber de asistencia a los ciudadanos y la población”, resaltó Zirr.
Holland coincidió: “Es la parte linda de nuestro trabajo, ver el agradecimiento de esas personas porque hiciste algo que necesitaban. Es muy bueno, está muy bueno”.
Ya han hecho operativos de asistencia, pero las nevadas de este año fueron mayores. Según contaron, el pedido de ayuda llegó el sábado 11 de julio por parte de un familiar de los asistidos. “El día 12 a las 6.00 de la mañana se conforma una patrulla con vehículos especiales, 4x4, una motonieve, cadena, pala y ropa exclusiva para la nieve”, especificó el jefe de la Unidad.
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La caravana salió desde Bariloche hasta Villa Llanquín, un paraje previo a Arroyo Blanco, su destino final, ubicado a unos 20 kilómetros después. Cruzaron en balsa el famoso río Limay, punto donde el esfuerzo físico tuvo su auge. “Fue muy agotador, con nieve y bajas temperaturas, pero se logró el objetivo”, relata a la distancia Holland.
“Son poco 20 kilómetros, pero con las nevadas anteriores se tapó el camino, básicamente no había huellas. Demandó un gran esfuerzo abrir a pala y con vehículos especiales para poder avanzar. Ese fue el principal inconveniente, la cantidad de nieve, unos 70 centímetros. Los vehículos avanzaban dos o tres metros y se atascaban; entonces la gente descendía y nosotros peleábamos para encauzar nuevamente al vehículo o para sacarlo de su estanco”, describió el entrevistado.
La vuelta, después de pasar la noche en el refugio de quienes asistieron, fue igual ya que el viento y las nevadas volvieron a tapar los caminos. Por suerte los lugareños contaban con buen estado de salud y ánimo, algo que se vio reflejado en su gratitud y hospitalidad.

“Es normal, este año ha habido mucha caída de nieve en esta zona, pero siempre hay familias que viven del campo básicamente, zonas muy alejadas. Entonces Gendarmería Nacional hace estas actividades de asistencia, ya sea para llevar alimentos y sacar estas personas que necesitan asistencia médica también. Ocurrió años anteriores”, se enorgulleció el jefe.
“Realmente es muy gratificante, si bien el momento que viven las familias no es el más lindo. Para nosotros es saber que lo que nos preparamos y el trabajo que hacemos se ve reflejado de forma positiva. Cumplir con los objetivos es grato, es lindo. Más allá que sea un trabajo duro, de todo el día, es bueno saber al final del todo salió bien”, concluyó
Zirr.
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