
(elterritorio.com.ar) Alejandro Weremczuk estaba en su casa tranquilo, junto a su novia, y se preparaba para disfrutar del Superclásico entre River y Boca por la Copa Libertadores, pero el destino tocó su puerta y de pronto se volvió un protagonista más de un sábado agitado.
El misionero por adopción (nació en Córdoba pero vivió gran parte de su vida en Puerto Rico) es el jefe de residentes del Sanatorio Otamendi, lugar al que trasladaron a Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo, los jugadores afectados por el ataque al micro de Boca en la previa del partido.
“Estaba sentado en casa mirando la previa con mi novia cuando pasó todo. Me fijé mi celular y me pidieron que vaya al sanatorio porque iban a llevar a los jugadores de Boca ahí”, contó Weremczuk. “Primero los iban a llevar a otro lado y como estoy a cargo de los residentes tenía que ir al sanatorio”, agregó.
El oftalmólogo atendió a Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo y recordó que cuando llegaron “estaban conmocionados, enojados un poco por la situación”.
“Toda reacción inflamatoria conjuntival se lo atribuimos a un gas. Lo que es erosión se lo atribuimos a un objeto exterior. Notros no vimos vidrios en el momento de atenderlos”, explicó Weremczuk.
Hasta ese momento todo normal. El oftalmólogo atendió a los pacientes y les dio sus diagnósticos. “El pronóstico no era de 4 o 5 días de recuperación (eso se informó en varios medios). Yo dije que tenía que revisarlos a las 24 horas”, recordó.
Cuando el médico les dio la noticia de que no podían jugar “lo asumieron bastante bien”, aseguró. “Terminamos de atenderlos, tuvieron que coordinar todo para sacarlos porque había mucha gente afuera, les di sus diagnósticos y se fueron”, relató.
Ahí recibió el golpe colateral por haber sido parte del Superclásico. “Me cambió el posterior. Después entendí lo que significaba. Cuando me tomaron declaración y me hicieron firmar unos papeles por un escribano comprendí la magnitud. Nunca pensé que me podía pasar esto”, reconoció.
“Haceme ver”
Pero todavía la noticia no se había propagado. El partido se postergó para el día siguiente y al mediodía del domingo los pacientes regresaron.
“Pablo Pérez al otro día estaba casi resuelto, pero la visión no estaba perfecta para lo que él necesitaba”, contó Weremczuk. “El domingo, a la hora del siguiente control, estaba decidido que se jugaba. Entonces Pablo Pérez quería jugar. Me dijo ‘haceme ver’, pero cuando vi que no tenía agudeza visual traté de explicarle que no podía jugar”, contó.
Horas más tarde Boca hizo el pedido de no jugar y finalmente la revancha copera se postergó, pero al de la Tierra Colorada lo llenaron de mensajes y llamadas. Pasó a ser un protagonista más de esta extensa final.
“No le pregunto al paciente de qué equipo es”
El domingo tras el segundo control, Alejandro se animó a pedirle una foto a Pablo Pérez que a las pocas horas se hizo viral. Empezó a circular la versión de que un hincha de River atendió al mediocampista de Boca y si bien eso es cierto, las ganas de vender sólo sirvieron para minimizar el trabajo del profesional.
“No me parece que tenga una relación. No soy fanático, me gusta el fútbol. Soy de River por mi padre, por mi familia y la verdad que no le pregunto a cada paciente de qué equipo es para atenderlo o no. Esas cosas quedan afuera”, expresó quien una vez por mes viene a Misiones para trabajar en la Clínica de ojos de Puerto Rico que tiene su papá (Juan Carlos).
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