(elterritorio.com.ar) Todavía le faltaba mucho por recorrer y ganar, pero ya era un distinto. De esos que están tocados por una varita y llamados a ser de los mejores del mundo. De los que cambian un deporte y que su nombre termina entre los mejores de todos los tiempos.
Diego Maradona llegó por primera vez a Misiones en diciembre de 1979. Venía de ser campeón del mundo juvenil un par de meses antes y desplegó toda su magia en la cancha de Guaraní.
El Clemente Argentino Fernández de Oliveira vivió una noche que quedó en la retina de todos los hinchas que colmaron el estadio de la Franja.
“Fue todo un lujo tener a ese Argentinos y nosotros éramos jugadores de la casa. Fue un partido memorable”, así lo definió Rubén Enrique Ortiz, el famoso Puma de Guaraní.
El 11 de diciembre del 79 Maradona se presentó con Argentinos para jugar ante la Franja, que venía de ser campeón del torneo Oficial de la Liga Posadeña y que se preparaba para el torneo Regional de 1980, que era clasificatorio para el torneo Nacional, ese que juntaba a los Grandes y a los mejores del interior de nuestro país.
La prueba era alta. Argentinos era un equipo que por esa época peleaba en los antiguos Metropolitanos y Nacionales y que, claro, tenía al ‘10’ como la estrella indiscutida y llamado a ser uno de los mejores jugadores de toda la historia, algo que tiempo después cumplió.
Pero esa noche de diciembre, Maradona dejó sin aliento a quienes vieron de lo que era capaz. “Verlo cómo pateaba los tiros libres era espectacular y siguió haciendo lo mismo. Quiere decir que ya tenía ese don y se notaba que iba a ser grande”, recordó el Puma Ortiz, autor de uno de los goles de la derrota franjeada por 8-3.
El resultado será una simple anécdota, porque lo que realmente valió fue el show del Diego en Villa Sarita. Así lo reflejó El Territorio en su crónica del 12 de diciembre, en la que ni siquiera se detuvieron analizar las distintas jugadas del partido, sino más bien a destacar la calidad y el buen manejo de la pelota que tenía el pibe de 19 años.
La promesa incumplida
En esa época Guaraní venía de ser campeón en la Liga Posadeña. “Estábamos mal acostumbrados a ganar todo”, contó Ortiz. La Franja había arrasado ese año en el fútbol capitalino y se preparaba para su gran objetivo: ganar el Regional y jugar nuevamente un Nacional.
“Los dirigentes venían y nos decían ‘economía de guerra’ y no veíamos un mango, pero traían esa clase de amistosos”, recordó el Puma, quien por esa época dividía sus días entre los entrenamientos y su trabajo en el juzgado de faltas.
“Los días previos esperábamos el partido con ganas, pero tranquilos. Se hablaba en el vestuario de voy a hacer esto o aquello, pero después en la cancha no podías. Te pintaba la cara”, bromeó Ortiz, y agregó que “era un equipo muy parejo y tenía a Maradona que sobresalía, que manejaba el equipo”.
La noche en Posadas arrancó bien para Guaraní. La Franja empezó ganando con un tanto de Víctor Segovia, pero la alegría no duró mucho. Maradona cambió la velocidad y fue protagonista de todos los goles del Bicho. Marcó cuatro y asistió en los otros cuatro del conjunto de La Paternal. Toda una muestra de lo que estaba por venir.
“Hizo hasta un gol olímpico a (Víctor Hugo) Ocampo del lado de Ivanoski. Era increíble. Cuando le llegaba la pelota, la levantaba con la punta del pie, uno o dos metros, y salía jugando con el muslo o con la punta del pie. Era terrible”, se emocionó el Puma ante el recuerdo de aquella noche.
En ese momento el equipo franjeado estaba compuesto por todos jugadores de la Tierra Colorada. Recién unos meses después se sumaron algunos refuerzos para el Regional y por eso el mano a mano con Argentinos, con el equipo de Maradona, tenía tanto valor.
Ya para el entretiempo el Bicho tenía una ventaja de 4-1 y entonces en el vestuario llegó la promesa que nunca se cumplió.
“En el vestuario, en el entretiempo, (Oscar) Bossi, que jugaba de central, dijo que él iba a ser el único que iba a salir en El Gráfico porque lo iba a romper a Maradona”. Ortiz se reía mientras recordaba las palabras del ‘2’ de Guaraní, que ingresó en el complemento con la misión de reforzar la defensa y de dejar sin chances al ‘10’.
Nada de eso sucedió. De hecho, Pelusa sacó lo mejor en los últimos 45 minutos y encima Bossi “salió negro del barro porque había llovido y Maradona limpito”. Bossi intentó, pero no pudo ante la calidad del ‘10’ y su gran repertorio.
“Quedabas obnubilado por lo que el tipo hacía. Le ponías una barrera de cinco o seis tipos y te metió un gol, no entendías. Tenía ese don de pegarle a la pelota como quería”, explicó el Puma, quien a pesar de la derrota tiene a ese partido como uno de los grandes momentos que vivió dentro de una cancha de fútbol.
Esa noche Villa Sarita, Posadas y Misiones bailaron al ritmo del pequeño de pelo corto, quien había causado una revolución desde el momento un pie en el aeropuerto General San Martín de la capital misionera y que años después regresaría para dejar otra estampa imborrable: el gol de mitad de cancha en el mismo escenario.
Si bien su carrera en ese momento estaba empezando, Maradona llegó con varios pergaminos bajo el brazo, con el título mundial sub 20 logrado meses antes en Japón y con dejó en claro que lo mejor estaba por venir.
El final fue como todos cuando el ‘10’ irrumpe en un lugar. Todos quieren una foto, aunque eso no sea sencillo. “Yo lo tuve que agarrar del cuello para poder sacarme la foto con Maradona. Lo estiré para mi lado y ahí me pude sacar la foto”, contó Ortiz. Esa foto es una de las más lindas para uno de los hombres que dejó su estampa en la Franja y que tuvo la suerte de compartir la cancha con el capitán campeón del mundo.
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