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(misionesonine.net) La ingeniera agrónoma y observadora climática Carolina Fernández López explicó que las lluvias asociadas al fenómeno podrían extenderse durante el verano y hasta el otoño del próximo año. Además, señaló que otros sistemas meteorológicos pueden modificar su intensidad y destacó la importancia de seguir los pronósticos trimestrales para anticipar los cambios en las condiciones climáticas.

 

                                                             
Los efectos de El Niño sobre las precipitaciones podrían prolongarse durante varios meses, incluso después del período de mayor intensidad del fenómeno en el océano Pacífico. Así lo explicó Carolina Fernández López, ingeniera agrónoma y observadora climática, durante el Seminario Regional sobre El Niño y la variabilidad climática, donde analizó las particularidades del escenario climático en Corrientes y sus similitudes con Misiones.

La especialista indicó que el momento de mayor incidencia de las lluvias varía según la ubicación geográfica. Mientras que en el noroeste de Corrientes la mayor concentración de precipitaciones asociadas a El Niño suele registrarse hacia marzo y abril, en el noreste correntino y la zona sur de Misiones, el período más lluvioso se concentra entre octubre y diciembre, aunque puede extenderse hasta abril.

Por eso, Fernández López remarcó que el pico de El Niño en el Pacífico no necesariamente coincide con el momento de mayores precipitaciones en la región. La evolución del fenómeno y sus efectos locales requieren un seguimiento continuo para comprender cómo se distribuyen las lluvias a lo largo de los meses.

Otros sistemas meteorológicos pueden cambiar el escenario

Uno de los puntos destacados de la exposición fue la influencia de otros sistemas atmosféricos sobre el comportamiento de El Niño. Fernández López explicó que, aunque el fenómeno presenta determinados índices de intensidad, su impacto regional puede variar por la interacción con otros centros meteorológicos.

La especialista tomó como ejemplo la situación de Formosa y Paraguay, donde también se registraron lluvias superiores a las habituales para esta época del año. Según señaló, durante episodios de El Niño el oeste de Formosa suele presentar condiciones más secas en determinados períodos, pero el escenario actual muestra un comportamiento diferente.

“Muchas veces eso depende de otras celdas que hacen que se modifique este rumbo de El Niño”, explicó. En ese sentido, insistió en que no alcanza con observar un único indicador para anticipar las condiciones climáticas, sino que es necesario analizar cómo evolucionan los distintos sistemas que intervienen en la atmósfera.

Ante esta variabilidad, recomendó consultar los pronósticos trimestrales del Servicio Meteorológico Nacional, que se actualizan durante la última semana de cada mes. Estas herramientas permiten conocer las tendencias esperadas para las precipitaciones y las temperaturas, aunque no anticipan con exactitud los registros que tendrá cada localidad.

Carolina Fernández Lopez, ingeniera agrónoma y observadora climática explica las consecuencias de El Niño en Corrientes comparado con Misiones.

Las diferencias entre Misiones y Corrientes

La distribución de las precipitaciones y las características del relieve también determinan las consecuencias del fenómeno en cada territorio. Fernández López explicó que Corrientes presenta una mayor vulnerabilidad a las inundaciones en sus extensas llanuras, mientras que el relieve misionero genera condiciones diferentes para el escurrimiento del agua.

Como antecedente, recordó que durante el último episodio de El Niño analizado por su equipo, el 60% de Corrientes quedó cubierto por agua, principalmente en sectores comprendidos entre los Esteros del Iberá, el río Corrientes y las llanuras arenosas hacia el oeste.

En Misiones, las pendientes y los desniveles favorecen un escurrimiento diferente, aunque la respuesta del territorio también depende de factores como la capacidad de las lagunas para recibir agua y los niveles de los ríos. Por eso, las mismas precipitaciones pueden provocar consecuencias distintas según las condiciones geográficas e hídricas de cada zona.

La situación de Corrientes durante octubre refleja esa complejidad. Según detalló la especialista, la provincia había terminado septiembre con déficit de lluvias en gran parte de su territorio, pero durante las primeras semanas de octubre comenzaron a registrarse precipitaciones más regulares. Al mismo tiempo, se produjeron evacuaciones vinculadas con la crecida de los ríos.

Fernández López relacionó parte de esta vulnerabilidad con los tres años de sequía anteriores, durante los cuales disminuyó la superficie cubierta por agua y algunos terrenos comenzaron a utilizarse para actividades productivas o para la construcción de viviendas. Con el aumento de los niveles hídricos, esos sectores volvieron a quedar expuestos a las inundaciones.

Puente Banana, conecta las localidades de Puerto Piray y Eldorado, Misiones.

Isla Apipé en Corrientes.

La importancia de anticiparse a los cambios climáticos

Durante la exposición, la especialista también destacó la necesidad de acercar la información meteorológica a los productores y facilitar su interpretación. En ese proceso, las agencias de extensión rural cumplen un papel importante al actuar como nexo entre los equipos técnicos y quienes necesitan incorporar los pronósticos a sus decisiones cotidianas.

Fernández López explicó que los mapas y las proyecciones trimestrales permiten identificar tendencias, pero que su utilidad depende de que la información pueda traducirse en recomendaciones adaptadas a las condiciones de cada territorio. Por eso, el trabajo articulado con extensionistas y organismos vinculados con la producción y el ambiente resulta fundamental.

Como ejemplo de planificación anticipada, recordó una recomendación realizada en Corrientes durante julio: evaluar la implantación de pasto Nilo, una especie resistente a las inundaciones, para disponer de una alternativa forrajera capaz de recuperarse después de períodos de anegamiento.

La propuesta contemplaba que los campos pudieran atravesar el verano con abundante agua y que el pasto se recuperara cuando las condiciones mejoraran, hacia mayo o junio de 2027, un período especialmente sensible para la ganadería correntina.

La especialista remarcó que el seguimiento de las alertas meteorológicas y las actualizaciones de los pronósticos permite revisar las decisiones a medida que cambia el escenario. En un contexto en el que El Niño interactúa con otros sistemas y sus efectos varían entre localidades, contar con información actualizada resulta clave para anticipar posibles impactos.

Autor: admin