Murió Julio Ricardo: sobriedad y respeto por los protagonistas de uno de los periodistas deportivos más apreciados de Argentina
Tenía 87 años y alcanzó la popularidad cuando José María Muñóz lo sentó a su lado para comentar en Radio Rivadavia.
(clarin.com) La sobriedad, el respeto por los protagonistas del deporte (principalmente el fútbol, el que más siguió), también por el público -que le seguía por radio o en los comentarios de TV- y por sus colegas, así como su depurado cuidado en el idioma, el que había cultivado con sus estudios, fueron las características de uno de los más apreciados periodistas deportivos de nuestro medio, Julio Ricardo. La popularidad le llegó cuando José María Muñoz lo tuvo como comentarista de los partidos por Radio Rivadavia, cuando sus transmisiones -y la Oral Deportiva de cada día- estaban a la vanguardia en el deporte.

Julio Ricardo también fue un militante y funcionario del peronismo, pero lo hizo con aquella misma sobriedad y con una actitud de pluralismo y apertura, algo que le valió el respeto de sus colegas. ”Sigo teniendo un compromiso personal con un mundo político y con un universo intelectual que a mí me importa, pero traté de no hacer ostentación de eso. No sé si alguien dejó de trabajar conmigo porque pensaba distinto a mí, pero yo siempre respeté a los que opinaban diferente”, sintetizó hace pocos años. Y fue así.
Julio Ricardo junto a Víctor Hugo Morales, durante un acto en Plaza de Mayo. FOTO JUANO TESONE - CLARIN
Julio Ricardo López Batista -tal era su nombre- había nacido el 13 de enero de 1939 en Buenos Aires. Su padre, José López Pájaro, también fue un conocido periodista: fundó el Círculo de Periodistas Deportivos, la “cantera” para el surgimiento de destacados profesionales desde principios de los años 60.
Conversando hace pocos años con Julio Lagos -con quien compartió algunos de los pasajes de su extensa trayectoria en los medios- Julio Ricardo le contó que “una de las pocas veces" que había llorado en su vida fue en 1982, en Bandeira, en Pontevedra, camino a Santiago de Compostela. "Yo había ido a transmitir el Mundial de España y me hice una escapada al pueblo de mi abuelo José. ¡Era un personaje extraordinario!… Llegó a la Argentina a los 4 o 5 años y nunca olvidó su tierra natal. Se dedicó a fundar escuelas allá, desde aquí. Él, que era prácticamente analfabeto, decía que lo único importante era la educación. Y contribuyó durante años para que aquella aldea tuviese aulas y un centro cultural. Cuando yo llegué, fui a esa escuela y vi la placa con el nombre de mi abuelo, que él jamás vio porque nunca había regresado a Galicia”.
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"El deporte le está mostrando al mundo que es posible vivir en paz", dijo Julio Ricardo.
López Pájaro, el padre de Julio Ricardo, había dirigido la revista La Cancha y participó en un popular programa de radio (“Los hinchas”) junto a nombres legendarios del periodismo deportivo como Félix Daniel Frascara y Borocotó, firmas históricas de El Gráfico. También Oscar, el tío de Julio Ricardo y fundador de la Sociedad Argentina de Locutores, tuvo una importante trayectoria en los medios. “Ellos dos -y agrego a otro de mis tíos, José, director del diario La Mañana en Mar del Plata- influyeron mucho en mí, en casa había un ambiente de diversidad intelectual que me marcó para siempre. Les agradezco, fundamentalmente a mi padre, por haberme comprometido desde chico con la lectura”.
Julio Ricardo había elegido la carrera docente, se recibió en el Normal Mariano Acosta a los 17 años y, mientras trabajaba en colegios primarios, también comenzó a incursionar en el periodismo (Noticias Gráficas, en 1957).
Un aviso de Noticiero 13, con la presencia de Julio Ricardo.
“Mi primera crónica -le contó a Lagos- fue un partido entre Sacachispas y Deportivo Riestra. Pasé la información desde un teléfono público que estaba en Lacarra y Barros Pazos. Y al poco tiempo empecé a colaborar en las transmisiones de Radio Porteña, con un relator que se llamaba Héctor de Thomas, y que trabajaba con el seudónimo de "Crack". Yo daba la información de los goles de otros partidos y salía al aire diciendo "¡Atento Crack!"…No pasó mucho tiempo, y esas apariciones secundarias dejaron lugar a responsabilidades mayores: Radio Splendid, junto al relator Alfredo Curcu, y el Noticiero Deportivo del Canal 13”.
En algún momento se le hizo muy difícil compatibilizar las tareas docentes con las periodísticas y tuvo que optar. “Pese a todo, el sentimiento de maestro de grado siempre permaneció en mí”, afirmó. Uno de los recuerdos más gratos, que remitía a sus enseñanzas en la Escuela Primaria N° 3, en la calle Puán, era uno de sus alumnos: Nito Mestre. Se iban a reencontrar más de medio siglo más tarde, cuando Julio Ricardo lo recibió en uno de sus programas en Radio Nacional. Toda una vida había pasado para ambos…
Julio Ricardo, como docente, y Nito Mestre, como alumno.
Pero a la hora de optar, Julio Ricardo se quedó en el periodismo y compartió una etapa muy importante junto a Luis Elías Sojit, otro de los grandes relatores deportivos. “Sojit vivía en Brasil, adonde estaba exiliado luego de la caída de Perón en 1955. Mi papá, que no sólo no era peronista sino que estaba en la vereda de enfrente, movió cielo y tierra para traerlo de vuelta a la Argentina. Y lo logró. De esa manera, Luis Elías pudo volver a trabajar. Ahí fue que lo acompañé en las transmisiones de fútbol, en las que él relataba y yo era comentarista. Eso era para Radio Porteña. Y en 1961, con él, viajé por primera vez a Europa, cubriendo la gira de la Selección Argentina de fútbol que se preparaba para el Mundial de 1962 en Chile”, contó Julio Ricardo.
Pero también junto a Sojit vivieron una de las experiencias más duras. Sucedió el 3 de marzo de 1963 en la Vuelta de Olavarría, uno de los clásicos del Turismo Carretera. “Nosotros con el avión siempre seguíamos al puntero, que habitualmente era Juan Gálvez. Estábamos acostumbrados a verlo manejar con absoluta prolijidad, sin tener jamás un despiste ni un derrape. Ese día, como de costumbre, Juan iba puntero, a la altura del Camino de los Chilenos. Yo iba narrando, cuando de repente veo que el auto de Juan Gálvez sigue de largo en una curva. Seguí relatando y contando algo increíble: Juan Gálvez chocó contra un terraplén y su auto empezó a dar vueltas en el aire. Una, dos, tres, vueltas… ¡Yo lo estaba viendo y narrando!… Y entonces dije: Luis Elías, el auto de Juan Galvez quedó dado vuelta en la ruta… ¡¡¡Yo salgo ahora mismo de la transmisión!!!…”
Julio Ricardo cortó el contacto con Sojit y el avión descendió de inmediato, cerca del lugar del accidente. El avión, un pequeño Cesna 102 aterrizó a un costado del camino: “Salimos corriendo hacia donde estaba el auto de Juancito Gálvez… Su acompañante, Raúl Cotet estaba ileso… Pero Juan no… Sacamos los equipos de transmisión que ocupaban casi todo el espacio del avión, subimos el cuerpo de Juan y el piloto lo llevó a la ciudad… Nosotros nos quedamos junto al auto volcado, hasta que después nos fueron a buscar. Lo único que rescaté fue el casco”.
Julio Ricardo -en otra entrevista reciente con Carlos Ares, en el Canal de la Ciudad- también se extendía sobre el fútbol de los 60 (“tan distinto a lo que vemos hoy… completamente distinto…Tuve la oportunidad de disfrutar a una maravillosa generación de jugadores, a los Onega y Sívori, por ejemplo”). También recordaba su cobertura del Mundial 1966 en Inglaterra y cuando le impactó la revolución cultural a partir de Los Beatles: “Pero yo ya estaba afuera, me sentía grande, me quedé solo con los sonidos…”. Y sobre aquellos tópicos que más adelante iban a dividir el fútbol argentino (por ejemplo, menottistas vs. bilardistas) sostuvo: “Fue algo demasiado cruel, nos dividió también en el campo periodístico. EN realidad, eran diferentes maneras de ver e interpretar el fútbol, más libre en le caso de Menotti, más rígido en el caso de Bilardo. No me ‘afilié’ a ningún bando, traté de rescatar y tomar cosas de ambos”.
En 1967, Julio Ricardo fue convocado como comentarista de los partidos que transmitía José María Muñoz (“El relator de América”) por Radio Rivadavia. Un sitio que había prestigiado Enzo Ardigó y que más adelante tendría la continuidad con Enrique Macaya Márquez. Julio Ricardo disfrutó allí hasta 1972, en una época de notable influencia del medio en el campo deportivo.
Durante el gobierno de Carlos Menem fue designado al frente de ATC (hoy TV Pública) en 1990, permaneció apenas seis meses y renunció. “Mi proyecto personal era que los canales tenían que ser difusores culturales. Y la política oficial era la venta de los canales. El tramo en el que yo estuve, durante ese tiempo, le fue muy bien al Canal, llegó a fin de año sin perder más plata. Pero la política general caminaba en otro sentido”, explicó.
Guillermo Nimo, Roberto Ayala, Julio Ricardo, Tony Carrizo. Garcia Blanco, Ernesto Cherquis Bialo y Carlos Juvenal en Tribuna Caliente.
En aquella década alternó como columnista deportivo y conductor del noticiero de ATC. Y durante casi una década fue el conductor de “Tribuna Caliente”, el programa creado por Gerardo Sofovich, donde estuvo junto a Antonio Carrizo y Guillermo Nimo, antes que pasara a la producción de Torneos y Competencias.
En 2002 volvió a los comentarios de fútbol por Radio Nacional, junto a Walter Saavedra y Héctor Drazer. Y también volvió a los comentarios por TV con “Fútbol para todos”, entre 2009 y 2013, en la época de los relatos de Marcelo Araujo.
Marcelo Araujo y Julio Ricardo.
Julio Ricardo fue distinguido con el Premio Konex, entre otros, y en noviembre de 2024 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo nombró “Personalidad Destacada” en su ámbito, en un acto en el Salón Dorado. Aquel día pidió un homenaje a la Selección Argentina de fútbol que se había consagrado en Qatar y resaltó que “el deporte le está mostrando al mundo que es posible vivir en paz, de no vivir en guerra ni en grietas de manera permanente”. Fue una iniciativa del diputado Claudio Ferreño quien destacó que Julio Ricardo era "un ejemplo para las nuevas generaciones de periodistas deportivos por su trayectoria, su contribución a la democratización del acceso al fútbol y valores éticos".
En su amplia participación en los medios, y aún en el fragor de los programas más picantes, nunca dejó su sobriedad ni su perfil cultural. “Me he pasado la vida viendo la conducta de los plateístas, que en teoría pertenecen a sectores más favorecidos, y que pierden el control y le dicen barbaridades al árbitro, a los rivales, a sus jugadores, a los periodistas de la cabina. Yo creo que el deporte es un elemento fundamental de la cultura y debe servir para educar, para acostumbrar a los chicos a vivir en comunidad. Para que el otro no sea un enemigo al que hay que destruir. Es un adversario con el que yo voy a disfrutar el tiempo que me está regalando. De grande estoy tratando de aprender a entender al otro, a entender el bien y el mal… y que en realidad esa diferencia es muy fluida. Soy un enamorado de Hannah Arendt, que me enseñó y me hizo reflexionar, se es bueno en un sentido y se es malo en otro. Y al revés. No hay nadie absolutamente malo o absolutamente bueno”, expresó.
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